¿De dónde viene la costumbre de poner el árbol de Navidad?

Probablemente ya te haya invadido el espíritu navideño y en un rinconcito de tu casa hayas instalado el árbol de navidad a la espera de encontrar debajo un montón de regalos – sólo si has sido bueno este año -. Aunque tal vez pienses que esto es una tradición “yankee” y seas de los que se niegan a montar el árbol. Pero… ¿sabes el verdadero origen de esta tradición?

Al contrario de lo que se piensa, no proviene de Estados Unidos, sino de la tradición céltica y germana. Estos pueblos pensaban que el mundo y los astros se sostenían en las ramas de un árbol divino, llamado Yggdrasil. Cada año, durante el solsticio de invierno – que en el hemisferio norte comienza el 23 de diciembre – se rendía un culto especial, ya que es entonces cuando se renovaba la vida, después de la cosecha.

Durante estas fechas, se encendían unas antorchas sobre un fresno, que representaban los elementos celestes, como la luna, el sol y las estrellas.  La leyenda dice que San Bonifacio, que evangelizó Alemania e Inglaterra, derribó este árbol, simbología del dios Odín y en su lugar plantó un pino, símbolo del amor de Dios. El santo lo adornó con manzanas y velas como símbolos del cristianismo: los pecados y la luz de Dios que ayuda a vencerlos. La tradición viajó por Europa y, con la conquista del Nuevo Mundo, emigró hasta América.

Con el paso del tiempo, las manzanas y las velas fueron sustituidas por las tradicionales bolas del árbol, que también tienen un significado según sea su color. Así, las azules son símbolo de arrepentimiento, mientras que las plateadas agradecen los favores prestados. Las doradas suelen significar alabanza y las rojas, petición. Hoy día, con las modas y los colores de temporada, estos significados han quedado un poco obsoletos.

¿Sigues pensando que el árbol no es una tradición cristiana? Si has cambiado de opinión, ¡aún estás a tiempo de poner un abeto en tu casa!

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