Café sorprendido

Reconócelo. Madrugar te cuesta. Cuando estás medio despierto y solo deseas que todavía no toque el despertados y es en ese momento cuando toca y tú empiezas a maldecir a inventor del despertador y a quien inventara el trabajo no es tu mejor momento. Qué le vamos a hacer, cuando uno es mayor le toca trabajar y eso implica madrugar.

Creo que si los adultos nos explicaran de pequeños lo que conlleva ser mayor más de uno haría lo posible porque no se cumplieran años, definitivamente ni uno más.

Pero como el tiempo no se puede parar – por ahora – tendremos que aguantarnos. El problema es cuando nos despertamos antes de que el despertador suene, ¿o no te ha pasado nunca? Bueno, seguro que alguna que otra vez, cuando tienes que hacer algo que te gusta mucho y que no quieres perderte así que tu cuerpo está desesperado por hacer esa actividad.

El problema es que, ¿no te da pena el susto que le pegas al café por ver que te has levantado antes? Míralo en la imagen, no rehuyas su mirada, el pobre no sabe ni qué decir ahora que te ve, con sus ojillos y esa boca abierta de par en par diciendo: ¿Qué haces tú aquí? Si todavía no es hora.

Y si, reconoce también que al café parece que lo echas cuando te levantas por la garganta sin darte cuenta ni de lo que tiene, como si fuera el combustible, así que si encima lo miras, es para decir: Vale, para, aquí pasa algo, ¿dónde hay una cámara oculta?

No me extraña que el café haya tenido que ir a terapia para poder superar la sorpresa que le has dado al levantarte temprano. ¡Eso no se hace, hombre!

Vía: Sober in a Nightclub

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