Jan Koum, o el gran ganador de la venta de WhatsApp

Jan Koum

Ayer anunciábamos en nuestro blog hermano Incubaweb.com lo que sin dudas será una de las grandes noticias del año en materia de tecnología: la compra de WhatsApp, el principal cliente de mensajería instantánea para móviles, por parte de Facebook, la red social más utilizada del mundo. Sin embargo, y fuera de los grandes medios, se tejía la historia de Jan Koum, un hombre al que la operación le cambió la vida.

El caso es que al tiempo que este miércoles se anunciaba la adquisición del servicio de mensajería WhatsApp por un récord de 19 mil millones de dólares, fue Mark Zuckerberg, el CEO de la red social, el primero en mencionar el nombre de Jan Koum, quien en 2009, y al poco tiempo de haber desarrollado su gran creación, se presentó para trabajar en Facebook junto a su socio, Brian Acton. Curiosamente, ambos fueron rechazados.

Koum, de mendigo a millonario

Aunque ahora se ha vuelto extremadamente rico, con un acuerdo es por 4 mil millones de dólares en efectivo y 12 mil millones en acciones de Facebook, así como un adicional de 3 mil millones en acciones restringidas, la vida de Jan Koum transitaba por carriles muy diferentes en su adolescencia. La misma que le significó tener su primer ordenador recién a los 19 años, en medio de una Ucrania natal en la que sólo conocía la guerra y el dolor.

Una mudanza que le cambió la vida

Cuando tenía dieciséis años, Koum y su madre emigraron a California, donde se establecieron en un pequeño apartamento en Mountain View, en el corazón de Silicon Valley. Entre sus primeros trabajos fue empleado en una tienda donde barría el piso, aunque claro, ya no tendrá necesidad de hacerlo. Ni sus hijos o nietos.

Los antecesores de WhatsApp

Claro, él mismo cuenta que cuando comenzó en esto del desarrollo, su intención no era otra que poder comunicarse con sus amigos mientras estaba en el gimnasio. Aunque al comienzo la aplicación buscada era para dispositivos iPhone, pronto entendió que Android era parte de la ganancia. Una historia, sin dudas, para enmarcar.

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