La mantequilla sonriente

Creo que coincidirás conmigo en que, cuando abres una tarrina de mantequilla o cualquier envase que tiene una tapa, ésta siempre suele tener algo pegado en la parte de arriba y has de limpiarlo con el cuchillo de untar (por la cosa de usarlo todo). Sin embargo, muchas veces no es solo por eso que el producto viene con una forma desigual sino por el aire que pueda coger al echare el producto en el envase u otra cosa.

Esto es básicamente lo que ocurre aquí. El problema viene en que ves esa imagen de una mantequilla y primero te hace sonreír por la imagen de unos ojos y boca, como si fuera un pequeño bebé dándote la bienvenida por haberla abierta pero… ¿Quién es el valiente que le mete el cuchillo ahora?

Si, es mantequilla, no va a sufrir, pero el hecho de ver esa imagen tan bonita y pensar en una mantequilla animada, de verla así y decir, “qué lindo” o imaginar esa mantequilla hablando hasta como un niño pequeño te hace que te lo pienses mucho antes de poder usarla.

El mensaje en inglés, por si no lo sabes traducir, es lo siguiente: No tuve el coraje de meter un cuchillo en esta mantequilla. Figúrate que la mantequilla sufra si lo hacemos, creo que yo tampoco sería capaz de meter un cuchillo en ella (aunque no vamos a tenerla siempre ahí.

¿Qué hacer? Pues necesitamos a un incauto que no se fije en el rostro angelical de la mantequilla. Ojos que no ven, corazón que no siente, así al menos comeremos mantequilla sin preocuparnos de unos ojos y sonrisita que nos mira mientras nos comemos su cuerpo, ¿verdad? No, mejor no pensar en eso, pobre.

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